Nicolás Ferrario tenía 22 años y trabajaba en una agencia de publicidad en Buenos Aires cuando lo mandaron a Rosario a buscar a un jugador que todavía no era nadie para la gente común. Corría diciembre de 2005, Messi recién había debutado en la selección mayor y ni siquiera existía el Messi que conocemos hoy.

Lo sacaron de un asado familiar un domingo al mediodía. Todo improvisado: hasta le pusieron la camiseta equivocada y la mamá tuvo que ir a buscar la correcta. Mientras esperaban, Ferrario le ofreció un pancho porque no había comido nada, y ahí soltó una frase que sonó a chiste entre dos pibes hablando de fútbol: “El día que seas campeón del mundo voy a contar que te pagué un pancho”… y 21 años después, cumplió.


Las fotos de ese encuentro estuvieron guardadas 21 años. Solo seis amigos de Ferrario conocían la historia y tenían prohibido contarla. Recién ahora, con Messi campeón del mundo, la promesa se puede cumplir.

