

Dos mujeres, un niño y un perro se quedaron sin combustible en un esquife de 21 pies, a la deriva entre Petersburg y Juneau, Alaska.
A metros de ahí flotaba el Launchpad, el superyate de Mark Zuckerberg de 387 pies y unos 300 millones de dólares, más cerca del esquife que cualquier otra embarcación. La Guardia Costera lanzó un pedido de asistencia esa misma noche. Según relató un pasajero del Wilderness Legacy, el barco turístico que finalmente remolcó a la familia hasta la bahía de Farragut, el capitán anunció que el yate de Zuckerberg no había respondido — y los pasajeros lo recibieron con abucheos casi unánimes.

El vocero de Zuckerberg explicó después que la tripulación monitoreaba otro canal de radio y que ni él ni su familia estaban a bordo esa noche. La Guardia Costera también aclaró que no fue una llamada de socorro formal. Pero la explicación no cambia la imagen que dejó el episodio: un yate de 300 millones no respondió al pedido de ayuda y otro barco terminó auxiliando a la familia.
