Cuando Nick Vujicic llegó al mundo sus padres Boris y Dushka Vujicic reaccionaron con un inmenso dolor, lágrimas y confusión al ver por primera vez que su hijo había nacido sin brazos ni piernas.
Cuando Nick ya tenía edad de aprender a leer el estado de Victoria, en Australia, le cerró la puerta de la escuela pública. El motivo: su síndrome de tetra-amelia.

Su familia, inmigrantes serbios, se había mudado de Brisbane a Melbourne buscando una mejor vida. Su padre era pastor y el hogar era afectuoso, pero el sistema no estaba preparado para él. Solo cuando las leyes cambiaron, Nick se convirtió en uno de los primeros estudiantes con discapacidad en una escuela común, un precedente para la educación inclusiva.
Entrar al aula no acabó con el problema. Sufrió acoso escolar, cayó en la depresión y la desesperación. Fue entonces, al conocer a otras personas con discapacidad que habían superado la adversidad, cuando decidió transformar su dolor en propósito.

A los 21 años se licenció en Contabilidad y Planificación Financiera, pero su vocación estaba en otro lado. Empezó con charlas en escuelas locales sobre inclusión y autoestima, y hoy ha hablado en más de 60 países. En 2005 fundó Life Without Limbs, con sede en California, que trabaja contra el acoso escolar y por la educación inclusiva.
Su trayectoria deja una pregunta incómoda: si las barreras más difíciles son las sociales y no las físicas, ¿cuántos niños más siguen esperando que alguien les abra la puerta?

