El fútbol queda en buenas manos

Por Juan Pablo González
7 July, 2026

Cuando terminó el partido, Lamine Yamal no corrió a festejar. Primero buscó al hombre al que acababa de eliminar.

Hay que mirar bien esta foto, porque el fútbol tarda décadas en producir una igual: un muchacho de 18 años abrazando a una leyenda de 41. El que recién llega despidiendo al que se va. La aurora consolando al atardecer.

Cuando Lamine nació, en 2007, Cristiano ya había jugado un Mundial. El niño creció en un planeta donde el 7 de Portugal era un hecho natural, como el mar o las montañas: siempre había estado ahí. Aprendió a soñar viéndolo volar.

Y anoche le tocó a él, precisamente a él, cerrarle la puerta de los Mundiales. El fútbol tiene esas crueldades elegantes: encarga los finales a los herederos.

Por eso el abrazo dice tanto. No es lástima: es reverencia. Es un chico entendiendo que camina sobre un sendero que otro abrió. Es la única manera decente de recibir una corona: inclinándose ante el que la llevó.

Los reyes pasan. Los tronos quedan. Y de vez en cuando, si hay suerte, se abrazan en la frontera.
Gracias por todo, Cristiano. Buen viaje, Lamine. El fútbol queda en buenas manos. 🐐👑

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