Faiq Jefri Bolkiah nació en Los Ángeles rodeado de un lujo que parece sacado de un cuento: tigres como mascotas, cientos de Rolls-Royce en el garaje familiar y un palacio de 1.888 habitaciones esperándolo en Brunéi. Es sobrino del sultán Hassanal Bolkiah y su fortuna, heredada de la corona, se estima en unos 20.000 millones de dólares. Nada de esto lo ganó metiendo goles.
Porque ahí está lo entrañable de su historia: pudo elegir cualquier vida y eligió perseguir el fútbol como cualquier niño con una pelota. Pasó por las canteras del Southampton y el Chelsea, rozó el Leicester City campeón de Ranieri, y hoy, a sus 27 años, juega en el Ratchaburi FC de Tailandia. Nueve partidos y un gol con la camiseta de Brunéi es todo su palmarés.
Mientras su apellido acumula excesos difíciles de imaginar —relojes de oro blanco, safaris privados, gastos mensuales que rozan los 35 millones de dólares—, Faiq sigue ahí, entrenando en canchas modestas, sin necesitar un solo gol para sentirse realizado. A veces el lujo más grande es simplemente hacer lo que amas.


