Marcos Arruda cortaba el cabello de Karen mucho antes de imaginar que se casarían.

Él trabajaba como peluquero. Había empezado a relacionarse con hombres a los 16 años y a los 19 reconoció abiertamente su homosexualidad. En medio de crisis muy duras, cuenta que sufrió un accidente automovilístico en el que su vehículo quedó destruido y salió ileso.

Años después recordó una experiencia en una iglesia que, según él, marcó el comienzo de un cambio profundo.

Karen, por su parte, habla de una infancia complicada: relata que sufrió abusos a los cinco años. A los 13 habló con su familia sobre sus relaciones con otras mujeres y a los 15 comenzó a identificarse como un hombre transgénero. Contó que vivió una experiencia espiritual estando sola en su habitación, un momento que considera decisivo.


Tiempo después, ambos volvieron a encontrarse por internet. Primero fue una amistad; luego, una relación. Se casaron, y Karen relata que el tratamiento hormonal que había recibido le dificultó quedar embarazada y que perdió a su primer bebé. Siguieron adelante, y hoy celebran a su hijo Paulo Emanuel.

“Nuestra historia no trata sobre la perfección. Se trata de la transformación, de la gracia, de empezar de nuevo” dicen ellos.
