Christopher Scarver tenía 45 años cuando decidió hablar, pero la historia empezó mucho antes, en el Columbia Correctional Institution de Wisconsin. Había llegado a esa prisión en 1992, casi al mismo tiempo que Jeffrey Dahmer, el hombre que confesó haber matado a 17 hombres y jóvenes entre 1978 y 1991, con canibalismo y necrofilia incluidos.

En una entrevista Scarver dijo que lo que más despreciaba de Dahmer era su sentido del humor. Según su relato, el asesino fabricaba extremidades falsas con comida y las rociaba con kétchup como si fueran sangre, solo para burlarse de otros reclusos. Afirmó que Dahmer “cruzó la línea” con presos y personal, y que no era de los internos arrepentidos.

El 28 de noviembre de 1994, ambos limpiaban el baño del gimnasio de la prisión. Scarver cuenta que llevaba en el bolsillo un recorte de periódico con los detalles de los crímenes y que le preguntó a Dahmer si de verdad había hecho esas cosas. Según él, Dahmer se sorprendió y buscó la puerta, pero Scarver se la bloqueó. Fueron dos golpes, uno en la cabeza y otro en la cara. Después mató también a Jesse Anderson, de 37 años, que cumplía cadena perpetua por matar a su esposa.
Scarver sugirió además que alguien dentro de la cárcel facilitó el encuentro: dijo que los guardias desaparecieron justo antes y se negó a dar más detalles por su seguridad. Es solo su versión, y nunca fue confirmada.
