En 2022, el gobierno le hizo una oferta que muchos habrían firmado sin pensarlo: unos 220.000 dólares y dos terrenos residenciales a cambio de su casa en el condado de Jinxi, en la provincia china de Jiangxi.
Él dijo que no. Quería una oferta mejor. Los funcionarios no volvieron a sentarse a negociar como esperaba: demolieron las casas de sus tres vecinos y levantaron una autopista de 14 kilómetros que rodea la suya por completo. Desde el aire parece una pupila entre dos párpados, y en China ya la conocen como “El Ojo de Jinxi”.

La construcción dejó una ruta de acceso especial para que la familia pueda entrar y salir, así que sigue viviendo allí, con la autopista pegada a su techo. Y ese detalle es justo el que pesa. Si el gobierno abrió un camino para ellos, difícilmente va a demoler la casa o a ofrecer una compensación nueva. Huang Ping el dueño admite su error: “Si pudiera retroceder en el tiempo, aceptaría las condiciones de demolición que me ofrecieron. Ahora siento que perdí una gran apuesta”. Aunque la propiedad sigue en pie en medio de la autopista G206, la familia se vio obligada a mudarse de forma definitiva debido a las condiciones insoportables.

