Tenía 6 años y aprendió, en segundos, a desaparecer.

Cuando el hombre subió por el elevador del edificio en Atizapán de Zaragoza, México, la niñera Aleyda Romero, de 21 años, alcanzó a decirle al niño que se escondiera y no saliera del cuarto. Fue lo último que hizo por él. Después llegaron los disparos, los gritos, el silencio. Jonathan Meléndez, tecladista de la banda Camilo Séptimo, murió junto a su esposa Ana Paola, embarazada de cuatro meses, su hija de 3 años, la propia Aleyda y hasta el perro de la familia.

El niño no salió. Se quedó ahí, agazapado, mientras afuera de su escondite quedaban los cuerpos de todos los que lo cuidaban. Pasaron más de tres horas hasta que, ya entrada la medianoche, la Marina y la policía entraron al departamento y lo encontraron con vida, sin una sola herida. ‘Tenemos un niño’, dijeron los agentes al hallarlo. Fue la única frase de esa noche que no anunció una tragedia.

