

Antonia Sinibaldi solo quería celebrar su cumpleaños.
Tiene 29 años, vive en Nueva Jersey y usa silla de ruedas desde los 2, después de que un conductor ebrio chocara el auto en el que iba. Necesita ayuda para comer, para beber, para respirar. El 20 de junio fue a celebrar su cumpleaños con su familia al restaurante Blu on the Hudson, en Weehawken, Nueva Jersey, y pidió el mismo postre que su prima: una tarta de manzana. Solo el plato de Antonia llegó con una frase escrita en salsa de caramelo: “Feliz cumpleaños, silla de ruedas”.

Dijo que su cuerpo empezó a temblar apenas lo leyó. El gerente del restaurante, en lugar de disculparse, ofreció bebidas gratis. Días después, el local salió a explicar públicamente que “silla de ruedas” era solo una anotación interna para identificar su mesa, y que jamás debió escribirse en el plato. Antonia no aceptó la excusa: escribió en redes que su silla de ruedas no la define, y que ya está cansada de que se la mencionen por costumbre, incluso el día que se supone que es solo suyo.
