Michele Ferrero nunca presumía de su éxito. Lo atribuía a otra persona.
El hombre que convirtió una pequeña pastelería de Alba, en el Piamonte italiano, en el imperio detrás de Nutella, Kinder, Ferrero Rocher y Tic Tac era también un devoto profundo de la Virgen de Lourdes.

Cada año viajaba al santuario francés. Según Aleteia, iba con su principal directivo y organizó visitas al lugar para sus empleados. Y en las sedes de su empresa hizo colocar imágenes de la Virgen.

En el 50.º aniversario de Ferrero se le atribuyó una frase que resumía su filosofía: “El éxito de Ferrero se lo debemos a Nuestra Señora de Lourdes; sin ella podemos poco”. Lo decía el dueño de una fortuna que Forbes calculó en 23.400 millones de dólares, la mayor de Italia, y que aun así prefería vivir lejos de las cámaras y de la prensa del corazón.

Murió el 14 de febrero de 2015 en Montecarlo, a los 89 años. Una curiosidad que siempre acompañó a su historia es el rumor de que los bombones Rocher se inspiraron en la gruta rocosa de Massabielle, en Lourdes. Nunca se confirmó, pero encaja con un hombre que mezcló chocolate y fe durante toda su vida.

