🧬 David Fajgenbaum rindió su examen final de medicina pensando que iba a morir. No era dramático: sus órganos estaban fallando. Tenía bultos en el cuello, tomaba café a litros para mantenerse de pie, y al salir del examen entró directo a urgencias. El diagnóstico tardó once semanas: enfermedad de Castleman, una condición rara sin cura conocida. Un sacerdote le leyó los últimos ritos. Se despidió de su familia. 😶

Sobrevivió por un hilo gracias a quimioterapia de último minuto, pero recayó tres veces más. Cada recaída casi lo mató. La última lo dejó un mes en la UCI. Para entonces ya había recibido el máximo de quimio que tolera el cuerpo humano. Los médicos le dijeron que no había más opciones y que la siguiente recaída sería fatal. 💀

Entonces hizo algo que ningún médico había intentado: analizó su propia sangre, identificó una proteína llamada mTOR que estaba disparando su sistema inmune, y conectó ese dato con un fármaco existente llamado Sirolimus, que nadie usaba para eso. Su médico dudó, pero lo recetó. En días, los síntomas desaparecieron. Once años después, David sigue tomando esa píldora, tiene esposa, dos hijos, y cofundó Every Cure, una organización que ya tiene 8 programas activos para redirigir fármacos existentes hacia enfermedades sin tratamiento. 🔬
