Tom tiene 8 años y una sola misión en la vida: que nadie le ponga una montura encima.
Su verdadero nombre es Jingang y vive en una granja de Corea del Sur, aunque internet terminó bautizándolo como “Tom” por su particular talento. Cada vez que alguien intenta montarlo, el caballo pone en marcha una actuación digna de un Óscar.
Apenas una persona acerca el pie al estribo, Jingang se desploma sobre el pasto. Su respiración parece agitarse, pone los ojos en blanco e incluso deja la lengua afuera, como si el mundo se hubiera acabado justo ahí.
Y durante un tiempo la actuación habría sido tan convincente que sus propios cuidadores pensaron que realmente tenía un problema de salud.
Según sus cuidadores, los episodios de “desmayos graves” se repitieron durante meses y terminaron llevando al caballo a una revisión veterinaria. Sin embargo, tras examinarlo, no habrían encontrado la enfermedad que esperaban: Jingang estaba sano.
El detalle que terminó delatándolo era demasiado conveniente. Los supuestos “episodios” aparecían precisamente cuando alguien intentaba montarlo y, una vez que la amenaza desaparecía, el caballo también parecía recuperarse. Así que Jingang aprendió que desplomarse era una excelente manera de conseguir que los humanos lo dejaran tranquilo.
“Que los demás caballos no lo vean, capaz aprenden”
