Gianni Infantino quería vender el 20% del negocio del Mundial a inversores privados. Ofreció hasta 20 millones de dólares a cada federación, con la promesa de llegar a 86 millones en 12 años. Parecía un trato imposible de rechazar.

Pero el jueves 30 de julio de 2026, en una reunión de emergencia por videoconferencia, las 55 federaciones de la UEFA dijeron que no, todas juntas, sin excepción. Y fueron más allá: amenazaron con boicotear cada torneo que organice la FIFA, incluidos los Mundiales, si Infantino insiste con el plan. La CONCACAF, con sus 41 miembros, también rechazó la propuesta, aunque sin llegar al boicot. Hasta Carlos Cordeiro, asesor sénior de la FIFA, renunció y calificó el proyecto de “un mal negocio para el fútbol”.

La FIFA respondió al día siguiente que “nadie está vendiendo el fútbol” y que seguirá adelante con las consultas. Pero con Europa, Asia y buena parte de América cuestionando el plan, Infantino se quedó cada vez más solo defendiendo su idea.
