Lu Zikuan tenía 10 años y un solo problema: pesaba demasiado poco para salvar a su padre. 🫀

Cuando Lu Yanheng fue diagnosticado con leucemia mieloide aguda en la provincia de Henan, China, los médicos encontraron una solución: un trasplante de médula ósea. El donante ideal ya existía, era su propio hijo. El obstáculo era brutal y concreto: Lu Zikuan pesaba apenas 30 kilos, y el procedimiento exigía un mínimo de 45. Sin ese peso, las células extraídas no alcanzarían para salvar a un adulto. Así que el niño tomó una decisión que pocos adultos serían capaces de tomar: se sentó a comer.

Durante tres meses, entre marzo y junio de 2019, Lu ingirió cinco comidas diarias en una dieta diseñada para forzar su cuerpo a crecer. Tuvo reflujo, náuseas y vómitos. En el colegio, sus compañeros se burlaban de su nueva figura sin saber nada de lo que estaba pasando. Él no dijo nada. Solo siguió comiendo. Aumentó 15 kilos. En septiembre de 2019, el día del cumpleaños de su padre, Lu Zikuan entró al quirófano de un hospital en Beijing, permaneció quieto y en silencio durante toda la extracción bajo anestesia local, y le regaló su médula ósea. El trasplante fue un éxito. ✨

