El papá de Pedri quiso ser portero profesional. Estaba a punto de debutar en tercera división cuando la muerte de su propio padre lo obligó a dejarlo todo por el negocio familiar.

Ese sueño se quedó a medias para siempre, pero Pedri no lo olvidó. Desde que empezó a ganar títulos, repite el mismo ritual: se queda en la cancha, le pide a su papá que se ponga bajo los tres palos, y le cobra un penal. Después viene el abrazo que lo dice todo.
Hoy, recién coronado Campeón del Mundo con España, lo volvió a hacer. El niño que soñaba con ser arquero terminó atajándole penales a su hijo, campeón mundial. El fútbol le devolvió al papá, aunque sea por un segundo, lo que la vida le quitó.
