En noviembre de 2011, en Nizhny Novgorod, la policía descubrió uno de los casos más perturbadores de los últimos años. Anatoly Moskvin, un historiador de 45 años, fue detenido tras una investigación por profanación de tumbas.

Al registrar el departamento que compartía con sus padres, encontraron decenas de figuras de tamaño real, vestidas como muñecas. Lo inquietante vino después: no eran objetos, sino cuerpos momificados de niñas y jóvenes que él mismo había desenterrado de cementerios y vestido cuidadosamente.

Durante años convivió con ellos sin levantar sospechas, hasta que la verdad salió a la luz, revelando una obsesión tan silenciosa como macabra.

