Hay mañanas en las que ponerse una camisa deja de ser un trámite. Para el príncipe Harry, abrocharse un cuello formal bastaba para sentir que le faltaba el aire.
Lo contó en su nueva MasterClass, “Redefining Grief”, junto a la neurocientífica Mary-Frances O’Connor. Cuenta que tenía ataques de pánico “solo en el coche, camino al trabajo”. Y que, durante 15 o 20 años, cada vez que alguien le preguntaba cómo estaba, respondía lo mismo: “Estoy bien”. Detrás había un bloqueo emocional que arrastraba desde que su madre, Diana, murió en 1997, cuando él tenía 12 años.

Según relata, el ritmo de adrenalina de la vida militar parecieron despertar traumas que llevaba guardados.

Los actos públicos, dice, le provocaban pánico de principio a fin. Y al mudarse a Canadá en 2019, en apenas dos o tres días sintió una caída de energía que nunca había vivido, como si su cerebro necesitara estrés para funcionar.

Lo que desde fuera parecía control, por dentro era otra historia. ¿Cuántas veces habrás respondido “estoy bien” sin que fuera cierto?
