El arquero surcoreano Kim Seung-gyu está viviendo uno de los momentos más especiales y difíciles de su vida durante el Mundial 2026.

A sus 35 años y disputando su cuarta Copa del Mundo, tuvo que dejar a su esposa en Corea del Sur a pocos días de dar a luz para irse con la selección. Mientras él preparaba el mundial, nació su hija, a quien solo pudo conocer por una videollamada.

El guardameta confesó sentirse culpable por no haber estado junto a su familia en un momento tan importante, aunque aseguró que su motivación es hacer un gran Mundial para regalarles una alegría a su esposa y a su hija.

“Quiero conseguir un buen resultado y volver a Corea con un gran regalo para ellas”, señaló emocionado. Y en el primer partido cumplió con creces.
Kim fue la gran figura en la victoria 2-1 de Corea del Sur sobre la República Checa, realizando varias atajadas decisivas en los minutos finales para asegurar el triunfo. Una historia que refleja los sacrificios personales que muchos futbolistas deben afrontar para representar a su país en la máxima cita del fútbol.
