Tyler ‘Ty’ Ziegel tenía 22 años cuando una bomba detonó junto a su convoy el 24 de diciembre de 2004. El ataque le arrancó el brazo izquierdo por debajo del codo, tres dedos de la mano derecha, la visión de un ojo, y quemó el 40% de su cuerpo. Las llamas destruyeron sus orejas, su nariz y sus labios. Lo que quedó de su cara se convirtió, sin quererlo, en el símbolo más brutal del costo humano de esa guerra.

En 2006, Ziegel se casó con Renée Kline ante el altar. La fotógrafa Nina Berman registró ese momento: él con el uniforme de Marines, el rostro reconstruido, una sonrisa imposible de descifrar. La imagen ganó el World Press Photo ese año y dio la vuelta al mundo. Pero detrás de esa foto había una realidad que ningún premio podía tapar: Tyler no podía trabajar, dependía de los beneficios del Departamento de Asuntos de Veteranos, y el sistema fallaba en sus pagos de manera reiterada. El matrimonio no sobrevivió al año siguiente.

Murió el 26 de diciembre de 2012 en el OSF Saint Francis Medical Center de Peoria, Illinois. Tenía 30 años. La causa real, confirmada posteriormente por el forense del condado, fue una sobredosis de oxicodona y alcohol —los mismos opioides que le prescribieron para manejar el dolor que su país nunca terminó de tratar. Dos mil banderas fueron colocadas en las calles de Metamora, Illinois, en su honor. El gobierno que no supo cuidarlo sí supo despedirlo.

