Isaac Kearney ya era conocido por los hinchas del Liverpool. Meses atrás había visitado Anfield con la ilusión de cualquier niño, y su historia se quedó en la memoria de muchos.

Lo que no esperaba es que el destino le tuviera preparada una segunda sorpresa. El Trabzonspor decidió invitar a Isaac y a toda su familia con todos los gastos pagados hasta Turquía.
¿El objetivo? reencontrarlo con Mohamed Salah. Cuando el egipcio lo vio llegar al entrenamiento, no hubo protocolo ni distancia de estrella, corrió hacia él como quien ve a un amigo.
A veces el fútbol se reduce a eso: un club que entiende que el gesto vale más que cualquier resultado, y un ídolo que nunca olvidó a un niño que solo quería volver a verlo.
