

Eliecer Martínez tiene siete años y ya sabe lo que es sacrificarse por alguien más.
Cuando la tierra empezó a temblar con magnitud 7,4 en Risaralda, Colombia, la casa de su familia comenzó a caerse encima de todos. Cualquier adulto hubiera corrido hacia la calle. Él corrió hacia adentro. Ahí estaba su hermana, de apenas cuatro meses, indefensa entre el polvo y los escombros. Eliecer la alcanzó, la cubrió con su cuerpo y logró lo que se propuso: que ella saliera ilesa.
La estructura colapsó sobre él antes de que pudiera escapar. Sus heridas fueron tan graves que los médicos no tuvieron otra opción que amputarle la mano derecha. Un niño que apenas empieza primero de primaria ahora tendrá que aprender a escribir, a jugar y a abrazar de nuevo, pero con una prótesis.
La policía local y varias autoridades se acercaron a su familia con suministros y apoyo educativo mientras Eliecer empieza su recuperación. Nadie le pidió que fuera valiente esa noche. Simplemente lo fue.
