En China existe un dicho para los niños: “bestias devoradoras de oro”, para expresar los altos costos asociados con la crianza, pero una pequeña se tomó la frase demasiado literal. Estaba jugando y se tragó una barra de oro sólido de 50 gramos y 4 centímetros de largo.


Su familia la llevó a urgencias y la radiografía reveló que el metal seguía alojado en su estómago, y había que sacarlo de inmediato, ya que la barra, al ser densa y con una superficie lisa, podía dañar, además de provocar perforaciones graves en el estómago y hemorragias.

Al realizar la endoscopia, los médicos descubrieron que la barra de oro estaba alojada en la cavidad gástrica, donde tenían un espacio de trabajo extremadamente estrecho para maniobrar. Un pequeño error podía provocar daños en la mucosa del tracto digestivo.
Así que, con ayuda de un lazo, sujetaron la barra y, pese a las dificultades, lograron retirarla intacta en solo unos minutos. Hoy la niña está estable y se recupera favorablemente, pero su caso sirve como recordatorio de lo atentos que debemos estar con los más pequeños: mientras descubren el mundo, cualquier objeto que para nosotros parece inofensivo puede convertirse, en cuestión de segundos, en un peligro para ellos.
