Eliza Samudio tenía 25 años y una petición sencilla: que Bruno Fernandes de Souza, portero del Flamengo, reconociera a su bebé y ayudara a mantenerlo. En 2010 desapareció. Su hijo apareció con vida. Ella nunca regresó, y su cuerpo sigue sin ser hallado. Aun así, la investigación logró reconstruir lo ocurrido: en marzo de 2013, Bruno fue condenado a 22 años y 3 meses por el asesinato de Eliza, su secuestro y la ocultación del cadáver.

La historia volvió a las páginas deportivas años después. Una libertad provisional, mientras esperaba la apelación, le permitió fichar por el Boa Esporte. Hubo indignación y marcha atrás, pero con cambios de régimen terminó regresando a las canchas.

Una condena, una libertad provisional y un permiso para trabajar no son lo mismo. Y en el centro sigue una joven madre cuyo hijo creció sin ella.

