Meidinliu Newmai se puso al hombro una caja térmica con vacunas y empezó a caminar. Tenía 50 años y una meta. Llegar a Nenloung Atangkhullen, una aldea de apenas 30 casas en las montañas de Manipur, India, donde 17 niños esperaban su dosis contra la polio.
No había carretera. No había transporte. Había 28 kilómetros de bosque denso, subidas empinadas y cinco ríos que cruzar sin puente.
Meidinliu trabaja desde 2007 como ASHA, trabajadora comunitaria de salud, en el Centro de Salud Primaria de Tamei, en el distrito de Tamenglong. Conoce ese camino porque lo ha hecho antes. Nunca había sido tan largo.

Caminó ocho horas. Diez de los niños tenían hasta 3 años. Los otros siete, entre 3 y 5. Ninguno se quedó sin su vacuna.
Cuando la noticia llegó a la capital del estado, el propio Gobernador de Manipur, Ajay Kumar Bhalla, reconoció públicamente su labor. La foto de una mujer caminando sola por el monte, cargando una caja roja, se volvió símbolo de algo que no cabe en un cargo ni en un sueldo.
No hubo cámaras esperándola en la aldea. Solo 17 niños que hoy están protegidos porque alguien decidió que ningún río, ninguna montaña, iba a decidir por ella quién merece una vacuna.

