Kim Dong-Cheul era periodista, pero nadie en Corea del Norte lo sabía.

En junio de 2010 filmó en secreto la vida cotidiana dentro de uno de los países más cerrados del mundo, arriesgando la ejecución si lo descubrían. Entre sus grabaciones hay una escena que recorrió el planeta: una mujer de 23 años, sola y desnutrida, caminaba por los campos de la provincia de Pyongan del Sur recolectando pasto silvestre. Cuando le preguntaron si era para alimentar conejos, ella respondió en voz baja que no, que pensaba comerlo. Había perdido a sus padres y no tenía casa ni familia; dormía a la intemperie y sobrevivía de lo que encontraba en campos y mercados.

Según reportes posteriores, murió de inanición unos cuatro meses después de esa entrevista, en un maizal donde había ido a buscar alimento. Al no tener parientes conocidos, su cuerpo permaneció allí varios días antes de ser hallado. Su nombre nunca se hizo público, pero su testimonio quedó como uno de los registros más crudos del hambre dentro del régimen.

