Amanda Mancino-Williams iba de pie en un tren lleno.

Tenía 37 años, estaba embarazada de seis meses y medio y viajaba de Cheltenham a Nottingham con sus tres hijos y las maletas. Había reservado con tiempo cuatro asientos alrededor de una mesa, tal como se recomienda para no quedarse sin lugar. Pero cuando llegó a su sitio, una pareja de ancianos ya lo ocupaba. Según contó ella, le dijeron que sus billetes “no importaban” y que no pensaban moverse, y después se negaron a mirarla a los ojos.

Sus hijos, de 14, 12 y 8 años, tuvieron que apretarse en dos asientos mientras ella aguantaba el viaje de pie. Entonces apareció un pasajero que, sin que nadie se lo pidiera, le ofreció el suyo. Tras una breve conversación con un revisor de CrossCountry, que se disculpó, Amanda y sus tres hijos fueron ascendidos a primera clase.

