💔 María Consuelo Córdoba tiene 58 años y lleva 26 cargando las cicatrices de un ataque con ácido que le lanzó su propio esposo en Bogotá, en el año 2000, solo porque ella había decidido trabajar en la ciudad. Desde entonces pasó por 87 cirugías.


Hoy vive en una habitación arrendada, dependiendo de la caridad de otros para pagar controles médicos que nunca terminan.

Hace cuatro años su EPS, Capital Salud, ya le había autorizado la eutanasia. En 2017 llegó a reunirse con el papa Francisco y decidió esperar, con la esperanza de que alguien la ayudara antes de tomar esa decisión.

Esa ayuda llegó recién esta semana, cuando ella ya había hablado públicamente de morir.


El empresario Arturo Calle escuchó su historia en la radio y ofreció comprarle una vivienda, además de una ayuda mensual, y llamó a otros a sumarse.


Un gesto genuino, sí. Pero también la prueba de todo lo que faltó antes: 26 años sin una casa propia, sin acompañamiento real, hasta que su dolor se volvió noticia. ¿Tenía que llegar a esto para que alguien actuara?💔
