Bill Foxley tenía apenas 20 años cuando tomó una decisión que cambiaría su vida para siempre.
En marzo de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, el joven aviador británico viajaba en un bombardero Wellington que se estrelló poco después de despegar de una base en Inglaterra. Consiguió escapar, pero al saber que un compañero seguía atrapado, decidió regresar al avión en llamas para intentar rescatarlo.

Su compañero no sobrevivió y Bill sufrió graves quemaduras en el rostro y las manos. Perdió la visión del ojo derecho y quedó con importantes daños en el izquierdo. Durante su recuperación, el cirujano Archibald McIndoe y su equipo lo sometieron a numerosas operaciones reconstructivas.
Años después, Foxley contó que algunas personas evitaban sentarse junto a él en el tren debido a sus cicatrices. Su respuesta, cargada de humor, era: «Está bien, no voy a morderte».

Lejos de aislarse, reconstruyó su vida, volvió a trabajar y dedicó parte de sus esfuerzos a apoyar a otras personas que habían sufrido quemaduras graves.
Bill falleció en diciembre de 2010, a los 87 años, dejando una historia de valentía que comenzó cuando decidió regresar por un compañero, aun sabiendo que su propia vida estaba en peligro. ❤️
