

Kathrine Switzer tenía 20 años y un número pegado en la espalda: el 261.
El 19 de abril de 1967 se inscribió en la maratón de Boston con sus iniciales, K. V. Switzer, porque la prueba era solo para hombres y nadie sospechó nada. Se decía que correr más de 42 kilómetros era perjudicial para una mujer: demasiado frágil, demasiado débil. Ella llevaba meses entrenando para demostrar que eso era mentira.

A mitad de carrera, un organizador se dio cuenta. Según Amnistía Internacional, intentó expulsarla por la fuerza de la competición. Las fotografías de ese momento dieron la vuelta al mundo y mostraron hasta dónde podía llegar la resistencia a que las mujeres ocuparan espacios que durante mucho tiempo les habían sido negados.
Kathrine no se detuvo. Terminó la carrera.
En 1972, Boston aceptó por fin las inscripciones de mujeres. Y en 2017, a los 70 años, volvió a correr la misma maratón con el mismo dorsal, cincuenta años después.
¿Cuántas puertas habrá abierto el 261 para las mujeres que vinieron después?
