David Alan Kirwan tenía 24 años cuando vio al perro de su amigo caer en Celestine Pool.

Era el 20 de julio de 1981, en Yellowstone. El agua de esa fuente termal rondaba los 93°C, casi el punto de ebullición. Los testigos le gritaron que no se acercara. Él respondió “like hell I won’t” —algo así como “claro que voy a entrar”— y se lanzó de cabeza tras el animal, llamado Moosie.

Alcanzó al perro, pero el agua hirviendo lo venció casi de inmediato. Con la ayuda de su amigo logró salir a rastras, aunque ya tenía quemaduras catastróficas en casi todo el cuerpo. Los testigos relataron que su piel comenzaba a desprenderse mientras él, todavía consciente, preguntaba: “¿Qué tan mal estoy?”. Lo trasladaron en helicóptero a un hospital de Salt Lake City, donde murió al día siguiente. Moosie tampoco sobrevivió. Cuatro décadas después, su caso sigue siendo uno de los incidentes más documentados en la historia del parque.

