
En 1982 alguien en Knickerbocker Toy Co. tuvo una idea brillante: dejar que los niños recrearan el dedo brillante de E.T. con un dedo de goma que se iluminaba al presionarlo contra una superficie. En la caja, con total inocencia, se leía: “Finger Glows When Pressed” (el dedo brilla al presionarlo).


El problema es que nadie en la fábrica pareció mirar el producto terminado con ojos de adulto. La textura, el color y la forma alargada del juguete convirtieron un homenaje inofensivo a la película en algo que ningún padre quería ver en la mano de su hijo de 4 años en la mesa familiar. Las quejas y las burlas públicas no tardaron en llegar, y en pocas semanas las tiendas empezaron a devolver el stock.
El E.T. Finger Light duró apenas unos meses en los estantes, y ese mismo año Knickerbocker —la empresa que también creó a Raggedy Ann— cerró sus puertas. Hoy, una unidad sellada se vende hasta en 100 dólares entre coleccionistas nostálgicos.
