En 1998, un niño de unos cinco años le entregó una tarjeta a su papá por el Día del Padre. La escribió con letra torcida y una promesa enorme: “Cuando sea grande voy a ser el compañero de mi papá y atrapar a los malos y a los ladrones”.
Su papá es el oficial Gould, del Departamento de Policía de Auburn, en Washington. Ese año posaron juntos en la ventanilla de una patrulla: el niño sonriendo con una chaqueta de mezclilla, el policía con bigote y la misma sonrisa orgullosa de quien ya sabe que su hijo lo está mirando.

Veinte años después, en el Día del Padre de 2018, la promesa seguía en pie. El niño había crecido hasta medir 1,98 metros y vestía el uniforme del Departamento del Sheriff del Condado de King. Meter a semejante gigante en el asiento de una patrulla fue una hazaña, pero lo lograron, y repitieron la foto con la misma sonrisa.
La policía de Auburn la publicó como un homenaje a un padre y un hijo que decidieron caminar la misma calle. Hay promesas de niño que se olvidan en un cajón. Esta terminó con una placa en el pecho.
