Una caja de cartón empezó a rodar por el camino. En El Salvador, una mujer pasea cada día a sus gatitos dentro de un carrito improvisado con ruedas artesanales, y ellos miran tranquilamente hacia afuera mientras avanzan.
Los pequeños no intentan saltar, según algunos, puede que vayan amarrados. Aún así, van tranquilos, echados dentro de la caja, acompañando a su dueña y siguiendo con la mirada el paisaje.
El carrito es sencillo, pero les permite estar todos juntos a cada hora del día. Una demostración de que no hace falta mucho para cuidar de los que más amamos.
