Katherine Cerda sabe lo que es que le cierren todas las puertas.

Como a ella, a miles de mujeres en Chile que salen de la cárcel les pasa lo mismo: casi la mitad vuelve a delinquir antes de cumplir un año en libertad, no porque quiera, sino porque nadie le da una oportunidad. Eso lo entendieron Rodrigo Agliati y Paolo Garbarini en 2018, cuando fundaron Las Condenadas, una fábrica de galletas en la comuna de Independencia, Santiago, pensada para emplear a mujeres que cumplieron condena o siguen cumpliéndola.

Hoy son ocho personas trabajando bajo el mismo techo, guiadas por una filosofía de cuatro palabras: risa, respeto, responsabilidad y reinserción. Sus galletas de mantequilla, coco y almendra ya no se venden solo en su local: llegaron a los estantes de supermercados Líder, y la marca se convirtió en proveedora estratégica de Walmart Chile. Cada paquete que sale de ese galpón es la prueba de que una segunda oportunidad, cuando es real, puede cambiarlo todo.

