En el Sahel, cuando terminan las lluvias, los hombres Wodaabe se preparan para lo más importante del año: gustar.

Se llama Gerewol, y durante días los hombres se pintan la cara con ocre y negro, se ponen sus mejores ropas y accesorios, y afilan la mirada para que resalten sus ojos y sus dientes blancos. Bailan en fila durante horas, cantando y moviéndose sin descanso, mostrando resistencia y encanto ante quienes realmente deciden: las mujeres.
Ellas observan cada gesto, cada mirada, cada paso, y elegirán a su pareja según lo que vean en esa danza. En Occidente el cortejo suele funcionar al revés, pero para los Wodaabe la belleza masculina y la paciencia de horas bailando son la carta de presentación más seria que un hombre puede ofrecer.
