Teshie, cerca de Accra, década de 1950. El carpintero Seth Kane Kwei construye un palanquín en forma de mazorca de cacao para un jefe local.


El jefe muere antes de poder usarlo. La familia decide algo insólito: enterrarlo ahí mismo.


Así nació, casi por accidente, una de las tradiciones funerarias más fascinantes del mundo. Poco después Kane Kwei talló un ataúd con forma de avión para su propia abuela, que soñó toda su vida con volar y nunca lo hizo.

Desde entonces, entre el pueblo Ga, cada ataúd se convirtió en un espejo: pescadores enterrados en peces gigantes, fotógrafos en cámaras de madera, alguien más en un zapato o un auto, según lo que amaron en vida.


El taller sigue en pie en Teshie, hoy dirigido por Eric Adjetey Anang, nieto del creador. Sus obras han llegado al Museo Británico, al Brooklyn Museum y al Centre Pompidou de París. ¿Tú qué forma elegirías para el final de tu historia? 😅


