Cejas pobladas, bigote bien marcado y rostro sin maquillaje occidental: así lucía el ideal de belleza femenina en la Persia del siglo XIX. No era una rareza ni un defecto — era el estándar. Las princesas de la dinastía Qajar, hijas del Shah Nasar al-Din, posaban para fotografías con esos rasgos como señal de distinción y elegancia.

La historiadora Afsaneh Najmabadi, de la Universidad de Harvard, lo documentó en su libro académico: en esa época y esa cultura, el vello facial en las mujeres era un rasgo muy codiciado. No una tendencia pasajera — una convención estética tan arraigada como hoy puede serlo la cintura fina o los labios voluminosos.
Lo que esto nos recuerda es brutal en su simpleza: la belleza no tiene reglas fijas. Cada época, cada cultura, dibuja ese molde desde cero. Lo que hoy se depila con urgencia, ayer se lucía con orgullo. ¿Cuántos de nuestros estándares actuales parecerán igual de extraños dentro de 150 años? 🤔
