La misma idea, dos épocas distintas, y una pregunta que no te deja tranquilo: ¿en qué momento dejamos de fabricar cosas para que duraran toda la vida?


No es casualidad. Diego Seara lo explicó en un artículo publicado en Medium en septiembre de 2021: antes de la revolución industrial, cada objeto pasaba por las manos de un artesano que le dedicaba tiempo, paciencia y oficio.


Un mueble se reparaba, no se reemplazaba. Una lámpara se heredaba, no se tiraba. Cuando las fábricas empezaron a producir en serie, ganamos velocidad y perdimos algo más difícil de medir: la historia detrás de cada pieza.


Tú mismo puedes sentirlo frente a estas fotos. No es que el objeto antiguo sea objetivamente mejor construido que el de hoy. Es que uno carga generaciones de recuerdos y el otro nació para durar hasta el próximo modelo. Quizás no extrañamos los objetos en sí — extrañamos todo lo que representaban.


