Imagina entrar a una cafetería y que te reciban con un “Bienvenida a casa, princesa”.
Ese es el juego del Butlers Café de Shibuya, en Tokio. Según Japan Travel, funciona desde 2006 con camareros mayormente extranjeros que se presentan como mayordomos. Visten traje con guantes blancos, escoltan a cada clienta hasta su mesa y le dejan una campanilla: basta con tocarla para que alguien acuda a preguntar “Si, princesa?”. Hay incluso una tiara opcional, por si el personaje necesita su corona.

Antes de sentarse, ellas rellenan un formulario con su nombre y su estado de ánimo, con opciones como “Necesito relajarme”. La estancia dura dos horas y se paga en la mesa. Fotografiar a los mayordomos no está permitido, solo la comida. Una foto levantada en brazos por tu mayordomo favorito costaba 1.500 yenes. Al salir, te acompañan al ascensor y hacen una reverencia.

El concepto nació como respuesta a los maid cafés de Akihabara, pensados para el público masculino. Un reportaje de Inverse lo mira con ojo crítico y lo describe como un ejemplo de mano de obra inmigrante “decorativa”, donde el aspecto de los camareros importa tanto como el servicio. Y tú, ¿irías a que te sirvan como a una princesa?

