Nadie le hizo caso, pero él no se quedó mirando.
Durante un viaje a Japón, Ali Safari, un voluntario en rescate de animales, se detuvo frente a cientos de negocios de vendedores que ofrecían pulpos vivos dentro de bolsas. Los animales no estaban en buenas condiciones e intentó explicarles que no estaba bien mantenerlos así. Sin embargo, nadie lo tomó en serio; algunos incluso se rieron en su cara.
Ali pudo irse y olvidarlo, pero eligió otra cosa: pagó por todos los pulpos de una de las bolsas para intentar salvarlos.
Al llegar a casa, los colocó cuidadosamente en un recipiente con agua e instaló una bomba para mantenerla en movimiento y favorecer su oxigenación. Poco a poco, los pulpos comenzaron a recuperarse. Cuando estuvo seguro de que se encontraban mejor, tomó la decisión final: devolverlos al mar, a su hábitat natural.
No puedo explicar las emociones que se sienten cuando los liberas. Son seres vivos, igual que tú y yo, y también sienten miedo como nosotros. Es nuestra responsabilidad cuidarlos y asegurarnos de que estén a salvo.
La historia conmovió a miles de personas en redes sociales y se volvió un ejemplo de empatía. A veces un pequeño acto alcanza para cambiar el mundo.
