Jean-Louis Courjault solo buscaba lugar en el congelador de su garaje en Seúl. Lo que encontró bajo los paquetes de comida fueron dos bolsas con los cuerpos de dos recién nacidos.

Llamó al consulado francés convencido de que había un error, de que alguien más había vivido antes en esa casa. La policía surcoreana tomó muestras de ADN. El resultado fue devastador: los bebés eran hijos suyos y de su esposa, Véronique, quien en ese momento estaba de vacaciones en Francia con sus otros dos hijos.

Durante dos meses ella lo negó todo, incluso ante los investigadores. Después confesó: había dado a luz sola, en su propia casa, tres veces entre 1999 y 2003, sin que su marido, sus hijos ni nadie a su alrededor notara los embarazos. Mató a cada bebé al nacer. Uno lo quemó en la chimenea en Francia; a los otros dos los guardó en el congelador de Seúl.

Los psiquiatras hablaron de ‘negación del embarazo’. La Justicia francesa, en 2009, la condenó a ocho años. Salió libre en 2010.

