

Entre decenas de capibaras color café, uno se movía distinto: todo blanco, con la nariz rosada y la mirada clara.
Lo vieron cerca de un lago en la Reserva Doctor Mauricio López Lomba, en Tacuarembó, Uruguay, y quienes lo grabaron no podían creer lo que tenían frente a los ojos. No es una especie nueva ni un capricho de la naturaleza sin explicación: es albinismo, una condición genética que le impide producir melanina. Por eso su pelaje y su piel son tan claros, aunque su cuerpo, su tamaño y su forma de socializar con el resto de la manada sean exactamente iguales a los de cualquier otro capibara.
Esa misma falta de pigmento que lo volvió viral también lo pone en desventaja. Sin el camuflaje café que lo protege del ojo de jaguares, pumas o caimanes, un capibara albino es mucho más fácil de detectar. Su piel y sus ojos, además, quedan más expuestos al sol. La naturaleza le dio un aspecto único, pero también le puso un desafío extra para sobrevivir.

