Siete años de dolor abdominal que ningún médico lograba explicar.
Jana Petriganova DeGregoris, de Scarsdale, Nueva York, es enfermera especialista en cirugía cardiotorácica y trabaja desde 2013 en el sistema Mount Sinai. Conoce los quirófanos desde adentro. Aun así, vivió años con una molestia que nadie sabía nombrar, sin imaginar que la respuesta estaba dentro de su propio cuerpo.

Según la demanda presentada el 24 de septiembre en la Corte Suprema de Manhattan, una aguja quirúrgica de unos 3,8 centímetros había quedado en su abdomen. El documento sostiene que pudo olvidarse en una de dos operaciones: la cesárea del 28 de junio de 2018 o la abdominoplastia con reparación de hernia del 17 de noviembre de 2021.

El hallazgo llegó recién el 14 de octubre de 2025, cuando una tomografía mostró el objeto y debió pasar por una nueva cirugía para extraerlo.
Ahora ella y su esposo, Gerard, demandan al hospital y a los doctores Isabel Blumberg, Philip Torina y Scott Nguyen, y reclaman una indemnización por el dolor y las lesiones, sin monto especificado.

El hospital y los médicos no han respondido públicamente y no hay fallo judicial. Si una aguja puede pasar inadvertida dentro de quien trabaja en el propio hospital, ¿qué queda para el resto de los pacientes?

