John Landy tenía el récord mundial de la milla en el bolsillo. Marzo de 1956, Parque Olímpico de Victoria, 22.000 personas de pie esperando ver historia.

En plena carrera, un rival cayó al piso justo delante de él. Landy no dudó ni un segundo: frenó, se dio vuelta y lo ayudó a levantarse, aun sabiendo que eso le costaría el récord.

“Entré en pánico y no pensé en tiempos ni tácticas. Simplemente corrí”, contó después. Lo que siguió parece un guión de película.
Landy remontó posición por posición hasta cruzar primero, con 4 minutos y 4,2 segundos. Ese mismo año ganó el bronce en Melbourne 1956, y el rival al que ayudó terminó llevando la llama olímpica en la inauguración de esos Juegos.
Setenta años después, sigue siendo uno de los gestos más recordados del deporte.
