Un funcionario del CICPC caminaba entre los escombros de La Guaira cuando la encontró: una madre, abrazada a sus dos hijos de 5 y 7 años. Ninguno sobrevivió.

Algo en él se rompió ahí mismo. No fue un desmayo cualquiera, fue un shock emocional que obligó a Protección Civil, la Cruz Roja y los equipos médicos a intervenir de inmediato, en plena jornada de rescate en el estado Vargas.

Detrás de cada cuerpo que se retira de los escombros hay alguien que tuvo que mirarlo de frente primero. La Guaira llora a sus víctimas, pero también necesita sostener a quienes las buscan. Ayuda, acompañamiento y oración es lo que hace falta ahora, para las familias y para quienes no pueden dejar de ver lo que vieron.

