Erling Haaland entró a Wild Bill’s Western Store en Dallas buscando un recuerdo del Mundial. Salió con un mapache disecado abrazando una botella de whisky, valuado en 750 dólares, y dos ardillas también embalsamadas.

No lo dejó en la maleta. Lo cargó en brazos al bajar del avión en Oslo, justo después de que Noruega quedara eliminada en cuartos de final, como si fuera el trofeo que el equipo no pudo traer a casa.

Ahora el delantero le pide ayuda a sus seguidores para ponerle nombre a su nuevo compañero de casa, al que ya llama cariñosamente su “geezah”. La pequeña tienda de Texas, mientras tanto, no da abasto: la pieza exacta que él eligió ya se agotó.
