No lo tiñeron, no le hicieron cambio de look y tampoco es que adoptaron otro perro sin avisar. Es el mismo perrito, solo que en dos años pasó de tener el pelaje negro a verse casi completamente blanco.
Al principio fueron algunas manchitas claras, de esas que quizás no parecen tan importantes. Pero después el blanco empezó a ganarle terreno, primero en pequeñas zonas y luego en gran parte del cuerpo, hasta dejarlo casi irreconocible.


La razón apareció después: vitíligo, una condición poco común en perros donde las células que producen pigmento dejan de funcionar poco a poco. Por eso el pelaje oscuro puede empezar a aclararse en parches, como si el color se fuera apagando con el tiempo.
Por suerte, en la mayoría de los casos suele afectar más la apariencia que la salud. El perro puede seguir haciendo su vida normal, con la misma energía y personalidad de siempre, aunque por fuera parezca otro.


Pero igual impresiona, porque en cosa de meses la naturaleza hizo lo suyo y convirtió al mismo perrito en una versión completamente distinta. Una transformación tan rara que, si no estuvieran las fotos, costaría creer que se trata del mismo animal.
