Faltaban horas para la final entre España y Argentina, y alguien le preguntó a Donald Trump, presidente de Estados Unidos, por cuál equipo se inclinaba. Su respuesta no fue la típica salida diplomática que uno espera de un mandatario.

“No me inclinaré hacia ningún lado, pero es muy difícil apostar en contra de Messi”, soltó, dejando claro que ni la política ni la neutralidad pueden contra el respeto que impone el capitán argentino. No fue una predicción exacta: Messi y Argentina terminaron cayendo por el solitario gol de Ferran Torres.

Pero la frase quedó ahí, flotando como prueba de que hasta en la Casa Blanca se sabe reconocer al mejor cuando lo ven jugar.
