Para sus padres, el problema nunca fue el rostro de Eli, sino que otros pudieran hacerle sentir que había algo malo en él.
Eli Thompson nació en Alabama con arhinia congénita completa, una condición extremadamente rara que hizo que llegara al mundo sin nariz ni cavidades nasales. Debido a esto, poco después de nacer tuvo que someterse a una traqueotomía para poder respirar con seguridad.

Los médicos conversaron con sus padres sobre la posibilidad de realizar una reconstrucción facial en el futuro, pero ellos tenían claro que no querían someterlo a cirugías únicamente por una cuestión estética.
Su mamá, Brandi McGlathery, explicó que para ellos Eli era “perfecto tal como es” y que preferían esperar. Si algún día él quería tener una nariz, sería una decisión que podría tomar cuando fuera suficientemente grande para expresar lo que quería.
Por eso, mientras otros podían mirar su rostro y pensar en aquello que le faltaba, sus padres eligieron concentrarse en algo completamente diferente: criar a Eli sabiendo que no necesitaba parecerse a los demás para ser amado.
